10.2.11

CÁPITULO I - El jesuita inglés

“ARGENTINA”  EN EL SIGLO XVIII

“Los caballos salvajes no tienen dueño, mas vagan en enormes tropillas por estas vastas planicies, corren de un lugar a otro de cara al viento; y en una expedición tierra adentro que hice en 1774 en la que permanecí por tres semanas en estas vastas planicies, los  había en número tan desmedido que durante dos semanas me rodearon continuamente. Algunas veces pasaban en gruesas tropillas, a toda velocidad, por dos o tres horas.

Mapa dibujado por Falkner
Esta es una descripción de las pampas de Thomas Falkner. El suyo fue uno de los primeros libros en dar una descripción detallada de las posesiones españolas que setenta años después se transformarían en Argentina.

El autor fue un fraile jesuita inglés. Su libro, publicado en 1774 en Inglaterra, se titulaba: A Description of Patagonia –and the adjoining parts of South America (Una descripción de la Patagonia –y las zonas contiguas de Sudamérica). A decir verdad el libro fue escrito partiendo de los apuntes de Falkner por un conocido autor a quien un aristócrata con ambiciones políticas -Robert Berkley- le encargó la tarea.  Era, en esencia, la primera descripción minuciosa de la geografía de la región del Río de La Plata.

Como una lectura del libro establece claramente, su propósito no era tan sólo académico. También se proponía alentar a las autoridades inglesas a interesarse en la región y probablemente a absorberla como posesión inglesa. Cuando se publicó causó gran consternación precisamente por estas razones. Esto no quiere decir que tal fuera la intención de Falkner.
Grabado de Falkner

Sin embargo su título no es muy acertado. La mayor parte de la obra se ocupa, más que de la Patagonia, de la descripción de las zonas que ahora son conocidas como las pampas y de las tierras altas del centro de Argentina, en Córdoba.

Por otra parte Falkner efectivamente proporciona un mapa del sur de Argentina y una descripción detallada de los indios de la zona. Debe tenerse en cuenta que en esos días los asentamientos españoles se extendían por no más de 100 km. al sur de Buenos Aires y, por consiguiente, no parecía absurdo describir estos vastos territorios ocupados por indios como “Patagonia”.

Pero, ¿qué demonios estaba haciendo un caballero inglés en una colonia española en el siglo dieciocho? Tenemos la suerte de contar con una monografía de Guillermo Furlong Cardiff sobre la vida de este hombre notable (“La personalidad y la obra de Thomas Falkner”). Desafortunadamente, aunque se publicó en 1929, no se consigue con facilidad, excepto en la Biblioteca Británica.

Thomas Falkner nació en Manchester en 1707. Su padre era doctor y no es sorprendente que se decidiera a seguir sus pasos. Todo indica que era un estudiante sobresaliente, ya que fue enviado a estudiar física y matemática con Isaac Newton.

De acuerdo a los relatos de sus contemporáneos “era uno de sus estudiantes favoritos”. Newton ya sería bastante anciano por ese entonces (murió en 1727) y también famoso, así que conseguir su tutela debe de haber sido un logro grandioso e inestimable. Luego Falkner prosiguió su educación estudiando medicina con el entonces célebre Dr. Meads.

¿Cómo puede ser que un médico y científico tan capaz terminara en esta remota colonia española, donde iba a pasar treinta y siete años de su vida? El Tratado de Utrecht de 1713 entre Inglaterra y España, que presagiaba la decadencia del Imperio Español, le otorgaba a Inglaterra el derecho a enviar un cargamento de esclavos por año desde África Occidental hasta Sudamérica, un derecho del cual tanto los mercaderes ingleses como los colonos españoles abusaban sobremanera y que terminó ocasionando la “Guerra de la oreja de Jenkins” en la que las autoridades españolas buscaban frenar las actividades de contrabando.

Sin embargo, en 1731, después de ejercer por un breve lapso en Manchester, se decidió que por el bien de su salud debería embarcarse como médico en uno de los barcos que llevaban esclavos a Sudamérica. Isaac Newton había adquirido acciones en la South Sea Company, que era responsable de este nefario comercio. Aunque Newton había fallecido algunos años antes, es posible que Falkner se hubiese enterado de esta posibilidad por su eminente profesor. Sin embargo, un autor, M. Mulhall, asegura que se embarcó hacia Sudamérica “debido a que conocía por casualidad al capellán de un barco que comerciaba con Guinea”.

La Sociedad Real (The Royal Society) que evidentemente tenía en alta estima sus condiciones, lo comisionó a estudiar las propiedades medicinales de las plantas y el agua del Río de la Plata.

Mapa dibujado por Falkner
Viajar en un barco de esclavos por motivos de salud puede sonar raro, pero ¿quién puede saber a tanta distancia cómo se llegó a esta decisión? No es sorprendente que cayera gravemente enfermo y tuvieran que dejarlo en Buenos Aires. Allí fue cuidado por el Padre Superior del Colegio Jesuita San Ignacio hasta que recuperó su salud. Quedó tan impresionado por los jesuitas que decidió unírseles.

Lo enviaron al famoso Colegio Jesuita de Córdoba en 1732 y allí finalmente se ordenó en 1740.

Los jesuitas ya hacía tiempo que habían logrado asentar sus Misiones con éxito en las planicies centrales de Sudamérica, donde los indios sedentarios se habían establecido en colonias agricultoras. En las Misiones no sólo les enseñaban técnicas de agricultura sino que también se los instruía en el oficio de la carpintería y la escultura, y se les enseñaba a leer y escribir, a componer música y a pintar. Estos importantes logros nunca han sido igualados en el continente. Sus asentamientos pudieron resistir los intentos de los colonos de esclavizar a los indios.

Falkner viajó a lo ancho y a lo largo de toda la región, en la cual -aunque estaba aún bajo el control de los indios- los jesuitas eran al menos respetados. Participó de una expedición por mar al Estrecho de Magallanes, posiblemente debido a su habilidad para comunicarse con los indios, a muchos de los cuales incluso había medido. Así había descubierto que en promedio su altura era de 6 pies (1,80 m.), siendo los más altos de 7 pies y 8 pulgadas (2, 37 m.).

Conociendo la curiosidad y la naturaleza viajera de Falkner es más que probable que participara en exploraciones terrestres durante la expedición.

En sus viajes llegó a conocer a las tribus indias extremadamente bien. Sin ninguna duda sus conocimientos de medicina lo ayudaron, y brinda descripciones excelentes del estilo de vida de esas culturas actualmente extintas.

Vivir en esas zonas implicaba grandes penurias, aunque nunca les faltaba carne para alimentarse. La hora de comer consistía en matar la bestia más cercana, comer los mejores trozos y abandonar el resto. Una estampa deliciosa del Padre Falkner aparece en el libro del Padre Dobrizhoffer, Account of the Abipones (Descripción de los Abipones) en el cual el primero se queja de que mientras dormía en las pampas unos perros salvajes se habían robado y comido su sombrero que, como lo usaba de plato, estaba todo impregnado de jugo de carne.

El Padre Falkner narra: “El mayor comercio en este país es el del ganado y la primera vez que fui allí el ganado con cuernos era tan abundante que corría en vastas manadas, salvaje y sin dueño, en las planicies a ambos lados de los ríos Paraná y Uruguay, y cubría todas las planicies de Buenos Aires, Mendoza, Santa Fe y Córdoba. La primera vez que llegué allí no transcurría un año sin que zarparan de cinco a ocho barcos desde Buenos Ayres, mayormente cargados con cuero. Se hacían inmensas carnicerías, y se aprovechaba solamente la grasa y el cuero; la carne la dejaban que se pudra.”

Lo que resulta asombroso es que solamente ocho barcos por año comerciaran con Buenos Aires. El Padre Falkner se refiere a la relevancia del ganado en la economía, y su libro también menciona una importante – a veces pasada por alto- forma de comercio adicional: “Este país puede disponer de poco para la exportación a Europa, con excepción de toros y cueros vacunos, y algo de tabaco, que crece bien en Paraguay. No obstante estas tierras son de máxima importancia para los españoles debido a que todas las mulas que se usan en Perú, o la mayor parte de ellas, vienen de Buenos Ayres y Córdoba, y algunas de ellas de Mendoza. Sin estos animales no tendrían posibilidad de comerciar o comunicarse con los países limítrofes, ya que las escabrosas  montañas del Perú sólo pueden cruzarse con mulas, y en aquel país no es posible criar esos animales, así que la pérdida de este país podría arrastrar consigo la pérdida de Perú y Chile.”

Esta última oración es una evidente invitación a Gran Bretaña para que se asegure para sí el “vientre blando” de las minas de plata más grandes del mundo. Ya que habían fracasado anteriormente en apoderarse de los estratégicos “puertos de plata” de Cartagena y Panamá, tenían aquí una opción más blanda. Esto se entiende a partir de lo siguiente: “Las personas de estos países son soldados muy indiferentes, y están tan disconformes con el Gobierno Español, las pérdidas comerciales, lo costoso de los productos europeos, y sobre todo con la gran cantidad de impuestos exorbitantes que estarían felices de entregarse a cualquier otra nación. Antes de que los jesuitas fueran expulsados de Paraguay podrían haber recibido ayuda de los Guaraníes, que estaban armados y disciplinados, y que ayudaron a someter a los insurgentes en Paraguay y a expulsar a los portugueses de Colonia de Santo Sacramento (actualmente Colonia, en Uruguay).”

Fue treinta y tres años después que los soldados británicos desembarcaron y se apoderaron de Buenos Aires y, tanto en esa ocasión  como en un segundo intento que realizaron al año siguiente, sufrieron humillantes derrotas. Es casi indudable, sin embargo, que este libro debe haber influido en quienes tomaron la decisión política de llevar adelante tal empresa.

Este fragmento merece también atención porque hace referencia al poder militar de las Misiones jesuíticas y también es un incómodo recordatorio a los uruguayos de que fueron los indios quienes expulsaron a los portugueses de la segunda ciudad en orden de importancia de Uruguay (a continuación los españoles traicionaron a sus aliados indios al expulsarlos con deslealtad de sus Misiones en Uruguay).

Sería erróneo, sin embargo, considerar el libro de Falkner como poco más que una instigación a la avidez inglesa. Es mayormente un libro acerca de la región por la cual viajó y el trabajo que allí realizó.

Una de sus Misiones se estableció no lejos de lo que hoy es el centro turístico de Mar del Plata, en una laguna que, en reconocimiento a la frustrada tarea evangelizadora del Padre Strobel y del mismo Falkner fue llamada “Laguna de los Padres”. Trabajaron con afán durante siete años y convencieron a 500 indios a asentarse allí, pero la Misión fracasó porque, según sus dichos: “los comerciantes españoles se metieron entre ellos”. Un problema más fundamental, sin embargo, para las Misiones en la zona nómada de las pampas era que no había cultivos que les proporcionaran los medios económicos para autoabastecerse en un lugar fijo –en Paraguay los cultivos comestibles y la yerba les permitieron asentarse con éxito y prosperar.

Según Mulhall, Falkner, al prestar servicios como médico en la Misión, logró tener una influencia extraordinaria sobre Cangapol, el gran cacique, al cual persuadió para que liberara a muchos prisioneros españoles.

En 1756, cuando un oficial español masacró una confiada tribu cerca de Chascomús, hubo un levantamiento liderado por un enfurecido Cangapol, y 4.000 hombres de la tribu devastaron toda la zona hasta Quilmes, ahora un suburbio de Buenos Aires. El Virrey, aterrorizado, tuvo que convocar a los jesuitas e implorarles que fueran a ver a Cangapol en una misión de paz.

Pareciera que los últimos años de la vida del Padre Falkner transcurrieron en Córdoba, en donde sus conocimientos de medicina lo habían vuelto uno de los más eminentes médicos del país. Sus intereses médicos y científicos se ponen de manifiesto en el siguiente fragmento: “El bálsamo del cacci fluye de una incisión en la parte superior del árbol. Es una goma dura –pero de color blanco cuando se hierve- y es un buen remedio cicatrizante para las heridas, y una buena vulneraria de uso interno.” “Dos indios resultaron gravemente heridos con una lanza angosta en la región epigástrica. Exactamente debajo del cartílago xifoides. La punta del arma salía del otro lado de la columna vertebral; lo que bebían brotaba inmediatamente por las heridas –se los administré por boca- y se restablecieron por completo, uno en tres semanas y el otro en seis meses.”

Escribió varios libros de medicina: uno de Anatomía, cuatro tomos sobre productos minerales y botánicos de América y un Tratado de dolencias americanas curados por drogas americanas. Desafortunadamente nunca se ha encontrado el paradero de estas publicaciones y manuscritos. ¿Será que quizás yacen sin haber sido “descubiertos” en la biblioteca de alguna casona campestre inglesa?

Con todo, no se limitó puramente a la ciencia médica, y fue el primero en informar sobre la existencia de esqueletos de “lagartos monstruosos”, de gigantescos armadillos y de otras criaturas sin identificar que una vez colmaron la región. Darwin y muchos otros científicos de la época citan a Falkner en sus obras, y el primero fue sin duda inspirado por él para buscar restos prehistóricos durante su visita a Argentina, sesenta años después.

No parece haber descuidado su vida religiosa, ya que Furlong Cardiff menciona un hecho curioso en su libro –que en 1762, durante un periodo de un mes en Córdoba “convirtió a veinte personas, en su mayoría ingleses, y bautizó a otros catorce”. Es difícil imaginar que andarían haciendo tantos ingleses en esta parte del mundo tan remota e inaccesible.

En 1767 los jesuitas fueron expulsados de Sudamérica –una catástrofe para los indios, a quienes habían ayudado tanto, y una victoria para los colonizadores, que temían su fortaleza, codiciaban sus supuestas riquezas, y que más que nada querían esclavizar a los aborígenes.

Dibujos de Falkner
El país perdió a su mejor doctor, probablemente a su único científico y a un gran misionero. Falkner regresó a Inglaterra y ofició como capellán de varias importantes  familias antes de su descanso final en Shropshire en 1784.

Thomas Pennant, un famoso escritor en esos tiempos, visitó a Falkner en muchas ocasiones y se hicieron amigos. Él escribió las descripciones de Falkner de muchas tribus aborígenes en una monografía titulada “Of the Patagonians” (“De los Patagónicos”). Pennant dice sobre Falkner: “…debido a su prolongado trato con todos los habitantes de la Patagonia parece haber perdido toda la capciosidad europea y haber incorporado toda la simplicidad y la honesta fogosidad de la gente con la cual ha estado en contacto durante tanto tiempo.”

Este “epitafio” que intenta ser amable no parece apropiado para un científico, un doctor, un académico y un gran misionero que dedicó su vida a la causa aborigen, y que fue la primera persona en realizar una descripción minuciosa de estas tierras remotas. El Padre Falkner merece más.

En Argentina su  nombre sigue vivo, de manera oscura y distante, en una laguna y una montaña que fueron bautizadas en su honor en la provincia patagónica de Neuquén.

REFERENCIAS

“A Description of Patagonia –and the adjoining parts of South America, Thomas Falkner. Editado por A. Neuman, 1935
“La personalidad y la obra de Thomas Falkner”, P.G. Furlong Cardiff, 1929
“Of the Patagonians” de la vida literaria de Thomas Pennant, 1793
“Laguna de Los Padres”, M. Mulhall- The Month, junio 1888
“Account of the Abipones”, Martín Dobrizhoffer, 1822
Dictionary of National Biography


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3 comentarios:

Mabel Fernández dijo...

Algunos autores, entre ellos el jesuita Furlong, dicen que Falkner nunca estuvo realmente en Patagonia. ¿Podría indicarme la procedencia de la referencia que hace en el texto sobre el viaje que habría realizado Falkner al Estrecho de Magallanes?
Muchas gracias

Lonicera dijo...

Tengo el libro escrito por Faulkner, y lo que es importante comprender es que en el siglo 18 se entendía por "Patagonia" a lo que es ahora la Patagonia Argentina. Faulkner menciona que había viajado varias veces a lo largo del país pero le hubiera sido imposible visitar todos los sitios referidos por él - basó sus comentarios en los de otros exploradores o misioneros. En su descripción del sur, lo que ahora es Patagonia, nos da la impresión de que conocía la costa, pero no tengo otras fuentes de información para confirmar si llegó al estrecho de Magallanes.

(Comentario por Gordon Bridger y subido al blog por la administradora, Lonicera)

Mabel Fernández dijo...

Correcto, él mismo afirma que uso referencias de informantes.Agradezco mucho su respuesta.